miércoles, 13 de marzo de 2013

Influencias




  Le repetían constantemente que era un niño muy despierto, haciéndole creer que no podría soñar. Decidió entonces aprender a soñar despierto.

  Más tarde, le convirtieron en un hombre siempre en las nubes, por lo que consideró  la posibilidad de no poder bajar. Sin embargo, consiguió fijar sus nubes al suelo.

  Ahora, intenta no hacer caso de lo que dicen. Resulta más sencillo.

jueves, 7 de marzo de 2013

Habitación sin vistas



Antes de acostarse miraba siempre por la ventana,

podía mantener las persianas levantadas sin peligro de miradas ajenas,

sin embargo nunca veía nada,

por eso, antes de acostarse miraba siempre por la ventana,

y pensaba,

“Ojala tuviera que bajar la persiana”

viernes, 22 de febrero de 2013

Viernes




Cuéntame tus cosas, que has hecho hoy, como te ha ido. Abúrreme con las historias de tus aficiones, coméntame que te ha pasado, pero dime que me quieres. Intercálalo entre el fantástico gol del partido que viste anoche, o los problemas del trabajo. Suéltame un “te he echado de menos”, combinado con un, ¿qué hacemos para cenar?, o ¿quieres salir esta noche?. Sorpréndeme exclamando un “qué haría yo sin ti” mientras me estás hablando sobre la dimisión del Papa,  la independencia, o esa agencia de Detectives que ahora es tan famosa. Dime que todo va a salir bien, que tu felicidad depende de mí, que soy el amor de tu vida, que me deseas, que me necesitas. Saca todo el arsenal ñoño y cursi que se te ocurra y suéltamelo sin más. Porque hoy es viernes, ese día en el que todo se relaja, pareciendo que la vida decelera un poco dándonos un respiro. Porque mañana podremos deleitarnos entre las sábanas algo más de la cuenta, sin pensar en ruidos mezquinos que suenan a horas en punto. Porque tengo ganas de ponerme ese corsé que tanto te gusta y darte todo el tiempo que quieras para quitármelo. Porque me apetece hablarle sin prisas a ese compañero tuyo que siempre me recibe completamente erguido. Y porque, ya te lo he dicho, hoy es viernes, y los Cure, siempre supieron lo que me pasa.


domingo, 17 de febrero de 2013

Muda




Te concedí un minuto para saciar el deseo de tu palabra, sin pensar en lo poco que entregaba a cambio de lo mucho que me dabas. Un minuto decorado con segundos de oro y guirnaldas. Me llevo mi tiempo, quería que el minuto fuera algo que siempre pudieras recordar.
Nunca te mentí, un minuto nada más, y aun así me llenaste con tu palabra, probablemente confiada en que el tiempo se detendría, dejando aquel minuto eterno con una sensación que para siempre perduraría.
Pero el tiempo es mortal, y los minutos pasan, aunque aquel fuera el minuto maravilloso que esperabas. Y comenzaste a suplicar al maldito reloj que parara, dar marcha atrás a aquellas agujas que tanto daño te estaban causando.
Creí  que era culpa de la impotencia, el no conseguir revivir aquel minuto engalanado, así que intenté darte otro, pensando que sería  capaz de construirte uno mejor, sin embargo no dio resultado. Y es ahora cuando me doy cuenta, me diste tu palabra, y por muchos minutos que quisiera otorgarte, no serían suficientes. Ya no hablas.

lunes, 11 de febrero de 2013

Steam



Cuando las páginas en blanco se suceden sin permitirme si quiera un mínimo trazo, prohibiéndome la entrada impidiendo ser embadurnadas, recurro siempre a los clásicos, una fuente de inspiración inagotable.

Esta vez llamé a la puerta de H. G. Wells y su Máquina del Tiempo, enfrascándome en el reiterativo, pero nunca anodino tema de los viajes al pasado, volviendo de nuevo a la paradoja que supone aparecer en algún momento de tu lejana vida y reencontrarte con tu antiguo yo, comentarle ciertos aspectos que quizás deberían ser pulidos, tentaciones de números de lotería premiados o avisos contra falsos corderos que harían aparición cerca de tu rebaño.

Aunque si bien, todos desearíamos corregir algún que otro episodio de nuestra vida, resulta infinitamente más interesante poder recorrer el pasado que nunca viviste, ¿cambias una hora con tu antiguo yo, por: una visita a la Florencia de los Medici, una tarde con Leonardo, observar a Miguel Angel esculpir su David, corretear por las calles de un Paris reinado por Josephine Baker, asistir a alguna de las representaciones de Isadora Duncan, descubrir cómo  Hatshepsut  se hizo con el poder de las dos Tierras u observar la consagración del monoteísmo llevaba a cabo por Akenaton?

Por supuesto. 

Sin embargo, el Sr Wells, estaba empeñado en utilizar su máquina para encontrar respuestas que el pasado no le otorgaba, por lo que se dedicó a viajar a un mundo futuro en el que, de nuevo, y como siempre, la raza humana provocaba un cataclismo, cuyas consecuencias futuras se transforman en, o bien un happy flower Eloi, o un caníbal Morlock recluido en la oscuridad. 

Menudas opciones, lo peor viene cuando te planteas que realmente el papel que tendrías tú, en ese futuro imaginario, es el de criatura nocturna y peluda. Si, una Morlock comedora de carne burguesa. El Sr. Wells debería ser un visionario, dado que según van las cosas, la moralina que él pretendía transmitir, está a la orden del día, “Cuida del proletariado no vaya a ser que te coma con patatas”, aunque en estos momentos no tengo muy claro quién se comería a quien.
Tras el tremendo dolor de cabeza que me produjo volver de nuevo a este también repetitivo, sin embargo absolutamente tedioso y cansino tema, decidí que el Sr. Wells me facilitara un pasaje para su máquina del tiempo, y visitar a un viejo amigo que la palabra visionario me trajo a la mente.  Siempre es agradable recorrer los pasillos del Nautilus, o viajar de la Tierra a la Luna, en un cohete un tanto particular construido a base de engranajes y más engranajes bien combinados. Estoy segura que el Sr. Verne tomó prestada la máquina de Wells unas cuantas veces, aunque parece que sus viajes fueran hacia un futuro un tanto Victoriano y vaporoso.

-          Y dígame Sr. Verne ¿qué opinión le merece este futuro?


domingo, 3 de febrero de 2013

Horrores



Tengo que dejarla. No sé cómo, pero he de hacerlo.
Cada día que pasa se hace más insoportable estar con ella. Cuento los minutos que se hacen horas interminables, y ella, aquí, a mi lado, no se separa. Su dependencia hacia mi persona me asquea, me aborrece pensar que necesita constantemente de mi compañía. Hasta su aroma me repele, todo lo que ella toca, todo lo que se le acerca queda impregnado de su olor nauseabundo.
Me repugna su presencia, todo su ser, es inaguantable, no puedo soportarlo.
Hoy se ha acercado demasiado, no he podido tolerar tener su boca tan cerca de la mía, notaba como su lengua se movía y casi vomito al pensar en su saliva asquerosa. Hasta he notado una pequeña gota que en mi cara ha caído mientras hablaba. He tenido que empujarla para apartarla pues las arcadas se sucedían de forma constante. Entonces ha empezado a chillarme, a gritarme, a increparme por haberla golpeado, mis oídos no podían soportar el sonido estridente de su voz, me los he tapado con las manos y aun así taladraba mi carne atravesándola para conseguir que siguiera escuchándola, resonando en mi cabeza sus insoportables gritos.
Me he ido corriendo al baño, he echado el pestillo para que no pudiera entrar, me he metido en la ducha, abriendo el grifo del agua caliente a tope para apagar su sonido. Que corriera el agua por mi cuerpo para limpiarme de su hedor. Pero su olor me ha perseguido. Traspasaba la puerta que nos separaba y se metía en mis fosas nasales, toda ella desde los accesos de mis agujeros intentado entrar para poseerme. Notaba mi interior invadido por su nauseabundo ser, viciando mis entrañas. Todas mis células clamando por la invasión de las suyas.
Lucho, aunque sé que no puedo ganar, su porquería se desplaza por el torrente sanguíneo corrompiendo el flujo de mi vida.
Ahora, soy yo el apestado.
Salgo del baño, su aroma me atrae tanto que no puedo evitar perseguirla  por toda la casa, necesito mas, quiero poseerla, notar su cuerpo sobre el mío, incrustarme dentro de ella. Me aparta cuando me acerco, pero insisto, necesito de su ser tanto que se me hace imposible el pensar no estar cerca de ella, con ella, siempre.
Tengo que tenerla, no sé cómo, pero he de hacerlo.

martes, 22 de enero de 2013

Bajo el mar


   Siento una necesidad apremiante por reivindicar todo tipo de actuaciones que se dan en estos momentos, por salir a la calle y gritar a los cuatro vientos cada una de las situaciones que surgen a diario en mi entorno y que me ofenden. Por decirle a la cara a muchos lo injusto y poco cívico de sus acciones, el descaro impune con el que se pasean, la vergüenza que me causa leer los periódicos a diario o ver las noticias en cualquiera de las cadenas televisivas. Me parece haber vuelto a esa adolescencia en la que todo era malo y contrario al ideal a alcanzar, una rebeldía absoluta ante lo impuesto que necesita salir al exterior y materializarse de alguna manera.

   Nos comen los tiburones. Siempre han existido, pero en estos momentos parece que el mar se encuentra plagado de ellos, y los pocos delfines que les hacían frente, de vacaciones en Cancún; vacaciones, por supuesto, remuneradas por ciertos escualos muy hábiles y sutiles. Y nosotros, las sardinas, anchoas y caballas, ni siquiera estamos ya en el mar, hemos sido pescadas y enlatadas, apretadas unas contra las otras en un espacio diminuto del que no podemos salir, esperando hasta que alguno de esos tiburones decida comenzar un festín con nuestros cuerpecitos en conserva. Sólo se salvan las rémoras.

   Al menos podríamos intentar endurecer nuestras espinas. Imagínate lo que les costaría tragarnos. La primera podrían, la segunda quizás, pero a la tercera …….”PELIGRO, PELIGRO, Producto no apto para consumo, evite el contacto, manténgase fuera del alcance de los tiburoncitos….”

   El problema es, que por más que me rompa la cabeza, no consigo encontrar la fórmula para el endurecimiento. Si tienes la respuesta, por favor, llévala a cabo. Te prometo que aun siendo sardina me lanzaré contra ellos para distraerles.

lunes, 14 de enero de 2013

El Lado Oscuro

 Quería regalarte el casco de Darth Vader, para que te lo pusieras mientras me hablabas con voz metálica haciendo ruiditos extraños, sin embargo, llegó el día de tu cumpleaños y pasó como tantos otros sin encontrarte.

   Dejo que mis pensamientos vaguen hasta cuando eras algo tangible, rememorando, repasando, asumiendo las realidades que poco tenían que ver con las ilusiones, pero entonces no sabía que eras como Darth Vader, aunque siempre te gustara vestir de negro.

   Podría regalarte muchas cosas, se me ocurren infinitas, me resulta tan sencillo, pero nunca estarás para recibirlas, porque eres como Darth Vader, desapareciste dentro de una máquina.

   A veces sueño que soy la Estrella de la Muerte y llevo a Darth Vader en mi interior, mientras surcamos el espacio hacia la conquista de planetas inexistentes.

viernes, 21 de diciembre de 2012

De Compras



Vainilla, fresa, nata, Málaga, turrón (puag), stracciatella, chocolate (jo que bueno), estoy perdida entre tanto sabor. Aquí me tienes, un día cualquiera, escogiendo una tarrina de helado, sin saber cual llevarme.
Stracciatella, tiene buena pinta, pero quién sabe si esos trocitos de chocolate no pincharán un poquito y se irán por donde no deben. Turrón, ni hablar, demasiado empalagoso, seguro que con dos chupaditas se cansa y me deja a medias. Málaga, ni idea, ¿a qué narices sabe un helado Málaga?, de todas formas cuesta más que el de fresa, veinticinco céntimos de un lado y de otro hacen para el paquete de espaguetis, y con el de frutas del bosque mal andamos, no creo que resulte nada sexy, verle escupiendo esa especie de pepitas que tienen las moras y las frambuesas porque no quiera tragárselas.
Está bien, me centraré en los sabores de toda la vida. Limón, bueno, le gusta, aunque pensándolo bien, a lo mejor, ¿a la que no le gusta es a mí?, ¿quién sabe si el ácido cítrico no pica?, pero, ¿Cuánto ácido cítrico puede tener un helado de limón?, estará repleto de aromatizantes, estabilizantes, ay Dios, mi libido está por los suelos. Plátano, en fin, ¿primero plátano y luego más plátano?, debería variar un poquito, podría pensar en calabacines, total, existen similitudes. Sí, claro, seguro que pensando en calabacines alcanzo el clímax absoluto, aunque a lo mejor soy una depravada verdulera, ¿podría preguntarle al frutero?, “oye frutero tú crees que si me llevo una tarrina de helado de plátano ¿me gustará pensar que hay un calabacín esperando ser envasado?”. Estoy segura que Kim Basinger no pensaba en calabacines mientras disfrutaba de sus nueve semanas y media. Además tenía a Mickey Rourke, que como por arte de magia, sacaba todo tipo de exquisitos manjares de la nevera, como aquellas fresas que deslizaba por su cuerpo y luego se metía en la boca, ummmmmmmmmmm fresas. Probablemente le hacían la compra. ¿Y si hago  una macedonia? Puede resultar sexy colocarse rodajitas de manzana en los pezones, un poco de pera en el ombligo y una jugosa ciruela en el pubis. Ohhhh por supuesto, y luego le canto el Tico Tico de Carmen Miranda y remato la faena, por favor, que desastre. ¡!!!!!¿Pero yo no iba a comprar helado?¡¡¡¡¡¡¡¡¡
Ya está, lo tengo, helado de yogurt, suave, esponjoso, cremoso y no demasiado dulce, además le encantan todo tipo de postres lácteos, “Veeeeen cariñoooo, aquí tienes tu postre”.  ¡!!!!Mierda, noooo, que me lo quitan¡¡¡¡¡¡¡¡¡, porras, el carrito conducido por un espécimen tipo Mickey Rourke versión actual, se lleva todas mis ilusiones. Claro, ¿quién es la guapa que le va a hacer la compra ahora a Mickey Rourke?.
Buff, nunca creí que comprar helado fuera tan difícil, la próxima vez que venga él, yo me voy a la sex shop que me tratan como una reina y siempre encuentro lo que me gusta. Complicados supermercados.